lunes, 18 de diciembre de 2017
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Todas las ideas caben en una cooperativa


Redacción - Murcia • redaccion@diariosi.com » twitter: @diariosi » facebook.com/diariosi 11/04/2017 ( 09:28 )

Las cooperativas de trabajo asociado son un modelo empresarial cuyos socios se unen libremente, con estructura y funcionamiento democráticos. Representan un modelo de empresa en el que los objetivos económicos y empresariales se integran con otros de carácter social. Se consigue así un crecimiento económico basado en el empleo, la equidad social y la igualdad.

 

 

Este tipo de empresa está presente en todos los ámbitos y se dedica a la prestación de diferentes servicios. La Unión de Cooperativas de Trabajo Asociado de la Región de Murcia (Ucomur), cuenta entre sus asociados con cooperativas que prestan todo tipo de servicios en sectores tan variados como la energía, la alimentación, la cultura o la tecnología.


SECTOR DE LA ENERGÍA

 

Huerta solar La Jeresa: Cultivando sol

 

En las afueras de la ciudad de Lorca se encuentra la cooperativa Huerta Solar La Jeresa, 14 hectáreas dedicadas, como dice su presidente, Antonio José Alcázar, «a cultivar y recolectar el sol de la Región de Murcia».

 

Los inicios de La Jeresa se remontan a 2006, «cuando el Gobierno empezó a promover la inversión en las energías renovables». En 2008 ponen en marcha la instalación fotovoltaica con 418 socios «de todas las zonas de España, Bilbao, Barcelona, Burgos, Cádiz, Madrid o Alicante, y de toda la provincia de Murcia», apunta Dioni López, socia trabajadora de la cooperativa.

 

En esta empresa energética cada uno de los socios cuenta a título personal con una instalación, siendo la cooperativa quien controla y gestiona las instalaciones y el funcionamiento de los equipos y zonas comunes de la huerta solar.

 

Así, la empresa se encarga de mantener las placas solares de los socios, que son quienes producen la energía. Como explica el presidente de La Jeresa, «se optó por este sistema porque cuando se puso en marcha la cooperativa el tema de las renovables era muy desconocido, y resultaba más atractivo a la hora de invertir que cada socio tuviera su propia instalación».

 

Asimismo, «fuimos pioneros en la inversión de renovables cuando no había precedentes de cooperativas de este tipo, siendo a día de hoy la más grande de España en número de socios», remarca Antonio José Alcázar.

 

En La Jeresa tienen muy claro que, gracias a que se hicieron cooperativa, tuvieron la oportunidad de empezar a trabajar con tanta gente, «porque estábamos accediendo a un tipo de negocio que a título personal no podríamos haber emprendido. El agruparnos nos permitió compartir los gastos y acceder a servicios profesionales de ingeniería y a una tecnología que solos no hubiéramos podido adquirir».

 

Para los socios de la cooperativa, miembro de la Asociación Nacional de Productores de Energía Fotovoltaica (Anpier), la gestión conjunta también facilita la realización de los trámites administrativos y la relación con los grupos comercializadores con los que tratan los socios.

 

El consejo rector de la huerta solar está formado por 10 socios que, como explica Alcázar, «representan a todos los que tienen una instalación y que al final somos como una gran familia, porque compartimos intereses comunes y buscamos progresar».

 

Realizan asambleas frecuentes, con un mínimo de una por año y renuevan la junta directiva cada tres años.

 

Dioni Ruiz, socia de La Jeresa desde sus inicios, apunta que «cuando pensamos que lo mejor para funcionar era una cooperativa, cosa que teníamos clara porque muchos de los socios viene del sector agrícola y conocían este funcionamiento, nos pusimos en contacto con Ucomur, que nos ayudaron con la puesta en marcha del proyecto».

 

Ruiz se encarga de las tareas administrativas de la empresa y comparte espacio cada día con 4 personas más, entre ingenieros, técnicos de mantenimiento y personal de limpieza, todos ellos pertenecientes a empresas de la zona.

 

Este huerto solar da la posibilidad de realizar visitar escolar a los centros educativos que quieran conocer este tipo de energía y tiene previsto habilitar una zona como centro de interpretación porque, como explica el presidente, «nuestra empresa quiere prestar un servicio a todo el que quiera conocer el mundo de la energía renovable».

 

La Solar, acercando las renovables

 

En la calle Acisclo Diaz de la capital murciana se encuentra La Solar, una cooperativa comercializadora de electricidad renovable.

 

Miguel Ángel Mena y Antonio Soler, director y vicepresidente de La Solar, destacan que «somos una cooperativa de consumidores y usuarios sin ánimo de lucro».

 

La empresa se constituyó el pasado verano con 22 socios fundadores, comenzando a comercializar en diciembre de 2016. Cuenta con un consejo rector de 9 personas y a día de hoy tiene ya 69 asociados.

 

Lo que ofrece La Solar a quienes quieran cambiar de empresa comercializadora es «un estudio de su factura con una comparativa entre nuestro servicio y la empresa que tengan», explica Miguel Ángel Mena. También buscan la mejor opción de precio y servicio para el cliente y prestan asesoramiento para rentabilizar el uso de los electrodomésticos y equipos domésticos.

 

«Cambiar de empresa comercializadora es un trámite muy sencillo y que permite ahorrar de manera significativa. Los usuarios pueden ser clientes y también socios, y no tenemos cuotas de alta ni compromiso de permanencia», remarca Antonio Soler.

 

Además, uno de los puntos más importantes para los socios es que «no sólo comercializamos energía, porque creemos firmemente en la necesidad de un cambio de modelo energético que no sólo venda la energía que ya existe, sino que inyecte nueva energía renovable en el mercado», apunta el director de La Solar.

 

 

Así, «el modelo de producción que queremos desarrollar se basa en pequeñas instalaciones, lo que se llama la generación distribuida, que pretende crear energía en los puntos más cercanos al consumo». Todo ello «permite una menor pérdida de energía en el proceso, consigue una mayor eficiencia en el conjunto del sistema y no alteraremos el paisaje».

 

Junto a ello, inciden en que apuestan por la economía local, ya que «compramos a productores que son de la Región de Murcia y el Sur de Alicante, por lo que el beneficio se queda en la zona». En la Solar establecen acuerdos con productores locales para que la energía que gestionar esté equilibrada en producción y en venta, consiguiendo un crecimiento sostenible en el sector de las renovables.

 

La  Solar cuentan con el apoyo de Enercoop, un grupo que compra energía de forma conjunta, lo que permite generar economías de escala que benefician al consumidor y centran su actividad en la difusión de la empresa, para conseguir productores y consumidores según su proyecto.

 

 

ALIMENTACIÓN Y CONSUMO:

 

Las espumosas del Valle

 

Gonzalo y Javi son dos jóvenes emprendedores que hace unos meses decidieron convertir su afición en un negocio propio, aplicando la experiencia laboral con la que contaban en el campo de la fabricación de cerveza. «Pensamos que por qué fabricar cerveza para otras empresas si podíamos fabricar la nuestra y vivir de ello».

 

Así nació la cerveza artesanal Ricote Valley, cuyo lanzamiento coincidió con el día grande de San Sebastián, patrón de municipio, para el que hicieron una edición especial.

 

«La opción de decidirnos por una cooperativa se debió a las características de la empresa que queríamos y por las ayudas que te ofrecen para la puesta en marcha del negocio», explica Javi.

 

Además, «nuestra idea no era crear una empresa muy grande, sino producir y repartir los beneficios de manera equitativa, aportando cada uno lo que teníamos», añade Gonzalo.

 

Tras realizar un curso de emprendimiento y conocer qué eran las cooperativas acudieron a Ucomur, donde les ayudaron con todos los trámites para empezar.

 

De momento cuentan con dos tipos de cerveza, la pale y la blanca del Valle, cuyo proceso de producción, envasado y etiquetado es «totalmente manual». En la elaboración de la cerveza «cada variedad tiene una receta, aunque nuestro sello distintivo son los toques cítricos».

 

Los socios de Ricote Valley dicen que «a día de hoy producimos unos 400 litros cada tres semanas aproximadamente, unas 900 botellas y 6 barriles de las que llevamos 7 tandas desde que empezamos».

 

La producción la distribuyen ellos mismos entre los hosteleros de la zona «porque en los comienzos creemos que da más confianza y seguridad». Para Gonzalo y Javi «la primera impresión es muy importante y nadie presenta el producto como el propio cervecero».

 

Además, ese trato cercano con el cliente permite una atención especializada, ofreciéndoles las ediciones especiales que vayan saliendo. «Está teniendo muy buena aceptación y lo más importante para nosotros es que a la gente le gusta», añaden.

 

La intención de estos jóvenes cooperativistas es tener en catálogo «tres tipos de cerveza, con un color de etiquetado diferente».

 

El espacio en el que se encuentra la fábrica de la cerveza Ricote Valley, está pensado para ir creciendo poco a poco en maquinaria, pero teniendo en cuenta que 2queremos ir despacio, asentando el producto para que no sea una moda».

 

Además, quieren que tenga un componente pedagógico, «queremos hacer visitas y que la gente pueda ver cómo es el proceso de elaboración de la cerveza», incluso tienen prevista la habilitación de una zona donde realizar catas, maridajes y otroseventos.


Dulces celestiales

 

Entre las cooperativas más especiales que forman parte de Ucomur, se encuentra Dulces Monasterio de la Encarnación.

 

En la zona alta del municipio de Mula se encuentra una comunidad religiosa formada por seis monjas de clausura. Las hermanas del monasterio de la Encarnación elaboran de forma tradicional toda clase de repostería desde hace años. Debido al éxito que los productos tenían en los mercadillos dominicales celebrados semanalmente en el municipio, les aconsejaron la posibilidad de constituirse como cooperativa.

 

María del Carmen, hermana abadesa del Monasterio de la Encarnación, explica que al principio «la idea de formar una cooperativa nos resultó algo raro por nuestro estilo de vida». Pero desde Ucomur nos explicaron que sería un proceso muy sencillo en el que sólo era necesario que estuviéramos tres hermanas».

 

«La cooperativa marcha muy bien, incluso hemos habilitado un recibidor con una pequeña tienda para poder vender nuestros productos a los turistas y peregrinos», explica la hermana María del Carmen.

 

En la cooperativa muleña, que funciona desde el 2015, elaboran una amplia variedad de dulces como las tejas, uno de los productos más demandados, y las magdalenas que, como cuenta la madre abadesa, «dicen los ancianos del pueblo que son las únicas que pueden comer los que padecen del estómago sin que les sienten mal».

 

También cocinan rollos, rosquillas, dulces navideños, torrijas, tartas y bizcochos por encargo, milhojas y palos catalanes, entre otros, «todo es casero, hecho de manera artesanal, ya que en nuestro obrador sólo contamos con una laminadora, dos hornos y una batidora, todo lo demás lo hacemos nosotras de forma manual».

 

En el trabajo colaboran las seis religiosas de la congregación, «las cuatro socias somos quienes nos encargamos de casi todo, contando con la colaboración de las otras dos hermanas para el empaquetado y etiquetado».

 

La madre abadesa remarca que «la cooperativa ha sido un éxito y estamos muy contentas con el proyecto, que además ha supuesto una ayuda económica que necesitábamos en la comunidad».

 

En el funcionamiento diario de la empresa cuentan con la ayuda José, un amigo de la congregación que hace de conexión con el exterior y les ayuda con los trámites y la relación con Ucomur, así como en representación de la cooperativa.



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