miércoles, 16 de agosto de 2017
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La UMU investiga la clave para acabar con la corrupción


Redacción / Agencias - Murcia • redaccion@diariosi.com » twitter: @diariosi » facebook.com/diariosi 24/07/2017 ( 08:42 )

El grupo Análisis Político de la Facultad de Derecho de la Universidad de Murcia abre camino en una investigación que pretende dar con las pautas para  luchar con éxito contra la corrupción política en España y otros países basándose en tres factores imprescindibles: una coyuntura crítica favorable, reformas institucionales que sirvan de palanca y, ante todo, una coalición de fuerzas políticas y sociales que consiga promover los cambios oportunos.

 

Anteriores investigaciones muestran que la corrupción es un proceso que genera algunos ganadores, pero que afecta negativamente al desarrollo de toda la sociedad, no solo en cuanto a su crecimiento económico, sino también en la manera en que se reparte equitativamente esa riqueza. Este equipo analiza los requisitos de los que depende el éxito de las políticas anticorrupción: tres factores que raramente aparecen conjuntamente, lo que explica los fracasos constantes de estas políticas.

 

El primer factor, la existencia de una coyuntura crítica, estaría presente en el caso español a partir de la crisis económica. De hecho, algunos indicadores dan la impresión de que estamos en un momento que ha resquebrajado los alineamientos políticos tradicionales. Uno de esos indicadores es la preocupación por la corrupción, que se ha convertido en el segundo problema público con una media por encima del 40% desde 2012.

 

Un segundo factor es que se hayan producido con anterioridad algunas  reformas institucionales, es decir, nuevas leyes (como la Ley de Transparencia de 2013) o el reforzamiento de la independencia y los medios de algunos órganos de control (tribunales, fiscalía, agencias reguladoras, etc.), aunque sea por motivos cosméticos, pero que pueden ser por aquellos actores que impulsan la lucha contra la corrupción.

 

El último factor es el más importante y también el más difícil de medir: la  formación de una coalición de fuerzas políticas y sociales convencida de la necesidad de luchar contra la corrupción. Se trata de que una masa crítica de ciudadanos sean consciente de que se está ante el momento oportuno para cambiar las reglas del juego político de manera definitiva y de que tengan voluntad para empujar el cambio. “Este es nuestro principal objetivo en el proyecto, conocer si está presente este factor en el caso español“Solo si se vencen los problemas de acción colectiva, será posible avanzar en el control de la corrupción y en la reducción de los espacios sociales en los que rige el particularismo”, comenta el investigador Fernando Jiménez Sánchez. Queremos medir también qué juego dan las reformas que se han hecho hasta ahora”

 

La primera hipótesis que se plantea en el caso español es que para que esas medidas tengan efecto deben ser suficientemente creíbles, es decir, que los ciudadanos noten que las reglas han cambiado. Tal y como explica el investigador de la UMU, “muchas de estas reformas tienen una motivación cosmética, son para salir del paso tras los escándalos en los medios de comunicación, pero no son convincentes y la gente sigue funcionando con la misma lógica particularista, buscan soluciones para tus propios problemas o los de su grupo más cerrado, sin preocuparse de buscar unas soluciones diferentes para las que no haga falta recurrir a cultivar los contactos oportunos”.

 

“Tradicionalmente, los dos partidos clásicos han dado la espalda a la lucha contra la corrupción, aunque era bastante obvio que teníamos un problema, porque sus fuentes de financiación siempre han sido irregulares. Por tanto, no han tenido incentivos para luchar contra ello. Eso empieza a cambiar una vez que el comportamiento electoral varía. Cuando ven peligrar su situación deciden adaptarse pero, ¿cuánto hay de retórica y cuánto de cambio real?” nos cuenta Jiménez Sánchez.

 

A lo largo del proyecto, financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad hasta 2019, se seguirá una metodología que mezcla diversas técnicas de investigación como el análisis de contenido de prensa, el estudio de las sentencias judiciales por delitos de corrupción, las entrevistas con líderes políticos, empresariales, sindicales o los miembros de asociaciones de lucha contra la corrupción. Se trata de detectar cómo se han reflejado los casos de corrupción y qué discursos se han establecido sobre cómo actuar, si se propone cambiar a unos actores por otros o, más bien, las reglas de juego por completo.

 

Distintos referentes, diferentes épocas

 

Durante la década de los 60, el politólogo Samuel Huntington sostenía que la corrupción podría ser buena en el proceso de transformación de las sociedades agrarias hacia una sociedad industrial. Esta corrupción presente en las comunidades más atrasadas servía, según la tesis de la grasa de engranajes, como el aceite sobre aquellos mecanismos de gobierno que no funcionan. Permitía un empujón, pero a la larga no favorece al desarrollo sostenible.

 

En el proyecto también se compara el caso italiano. Su enorme crisis política tras la caída del muro, a mediados de los años 90, con Manos Limpias, Mani pulite, una operación de lucha contra la corrupción que implicaba a todos los grupos políticos del momento. Esta revolución de jueces y fiscales cambió por completo su sistema político. Desaparecieron los viejos partidos, aparecieron nuevos, pero las reglas del juego político se mantuvieron iguales, sin embargo. Esto muestra que tener una coyuntura crítica abre oportunidades, pero no es suficiente ni quiere decir que ese cambio vaya a darse. “Tenemos miles de ejemplos donde ha habido grandes crisis y no se han aprovechado para cambiar reglas de juego” comenta.

 

Según narra el politólogo, durante los últimos años los casos más exitosos en el control de la corrupción han sido Uruguay y Chile. En estos países no ha habido grandes rupturas con los modelos tradiciones de relación política, sino que una acumulación de reformas institucionales ha dado lugar a un cierto progreso, pero  no basta. Hace falta que haya una presión desde abajo, de los ciudadanos.

 

El proyecto ‘Acción colectiva y corrupción en España: límites y posibilidades de las reformas institucionales’ se realiza de manera multidisciplinar con otras universidades como la Universidad Rey Juan Carlos junto a Manuel Villoria y a Jesús Palomo; Joan Romero, catedrático en Geografía de la Universidad de Valencia; Anna Palau, politóloga especializada en medios de comunicación, de la Universidad de Barcelona, Mónica García Quesada, de la Universidad Libre de Bruselas, o Palmira Chavero, de FLACSO-Ecuador.



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